Luis Manuel Aguana: ejércitos de ocupación

Las denuncias formuladas recientemente por la disidencia cubana en el exilio revelaron la existencia de planes para atentar en contra de la vida de la dirigencia opositora venezolana. De acuerdo a esas denuncias el atentado ocurrido en el Estado Bolívar en contra de María Corina Machado forma parte de ese plan diseñado desde la Habana.

La denuncia precisa que un importante contingente de tropas especiales del Ejército Cubano denominado “Avispas Negras”, estaría ya en Venezuela y estarían involucrados en ese atentado y posiblemente otros en un futuro cercano.

Si esto lo complementamos con otra denuncia, esta vez del periodista venezolano Gustavo Azócar, el régimen se estaría preparando abiertamente para resistir una posible intervención en el corto plazo: “…La Dirección Nacional de las FARC está instalada en Venezuela, vive en Venezuela. La Dirección Nacional del Ejército de Liberación Nacional-ELN, está instalada en Venezuela, vive en Venezuela. En Venezuela tenemos ahora a las dos guerrillas colombianas, las FARC y el ELN. Se han repartido el país. ¿Cómo se explica que el ELN esté en el Estado Bolívar controlando las minas de oro que hay en el Estado Bolívar? ¿Cómo llegó esa guerrilla del ELN al Estado Bolívar? ¿Por donde entró? Entró por supuesto por Táchira, y desde Táchira se instaló al otro extremo de Venezuela, con el apoyo por supuesto del gobierno de Nicolás Maduro. Es decir, tenemos ejércitos de ocupación en Venezuela. Tenemos a la FARC, tenemos al ELN, tenemos al colectivo La Piedrita, tenemos a los Tupamaros, tenemos a los Carapaica, tenemos a los rusos, tenemos a los chinos, tenemos al Hezbollah instalado en la isla de Margarita. Todos esos grupos están en Venezuela para qué? Para defender a la dictadura de Nicolás Maduro en un plan que han creado ellos supuestamente para defender la revolución cuando se produzca la intervención militar extranjera promovida por Estados Unidos y apoyada por otros países, para qué? Para liberar a Venezuela, porque Venezuela es un país secuestrado en este momento por todos esos grupos irregulares que te he mencionado…”.

Lo que me extraña de estas noticias ahora es que se tomen como sorprendentes. El planteamiento del periodista Gustavo Azócar coincide con el concepto de secuestro de Venezuela por parte de grupos fuertemente armados que ya hemos formulado y que forma parte de algo que se viene desarrollando desde mucho antes del fallecimiento del Galáctico en Cuba, y que ante los acontecimientos internacionales, ahora se precisan con más detalle para la ciudadanía, y que difícilmente deben escapar del conocimiento de los servicios de inteligencia de los países amigos que conocen muy bien la situación de Venezuela.

Lo que es para mí asombroso y motivo principal de esta nota es que todavía haya una parte de Venezuela que aun llamando dictadura o tiranía lo que ocurre en nuestro país, a estas alturas todavía les parezca escandaloso que sean capaces –y mucho más- de lo que le ocurrió a María Corina Machado en Upata, así como esas denuncias de atentados a la dirigencia política. ¡Eso es precisamente lo que ocurre en un secuestro! Te reducen con violencia hasta asesinarte, si es del caso, si no accedes a las demandas. Esto que ocurre aquí no es una dictadura convencional donde un dictador controla los militares y sojuzga a la población. ¡No! El grupo criminal que gobierna (o desgobierna) ha importado lo más especializado del terrorismo internacional y ha negociado su refugio a cambio de protección.

Hay varios ejércitos de ocupación en Venezuela compuestos por todo eso que denuncia el exilio cubano y el periodista Gustavo Azócar, y tal vez mucho más, y ya con nombre y apellido estarán dispuestos a arremeter en contra de la población civil a la sola orden del dictador si se intenta desalojarlos del poder por la fuerza desde el exterior. De hecho ya lo están haciendo. Las manifestaciones públicas están siendo sistemáticamente reducidas por esos grupos que descabezan cualquier protesta por cualquier cosa que surja en cualquier parte del país.

Ahora bien, ¿cuál es la mejor manera de manejar esta situación? ¿Armarnos también nosotros y bañar de sangre al país? Eso les encantaría para justificarse. ¿Seguir a cualquier liderazgo y poner los muertos en las calles sin que la situación cambie sustantivamente, pero beneficiando la popularidad o la imagen de quien pretenda conducir alguna protesta? Recuerden que eso sucedió el 11 de Abril de 2002 y aunque la sangre de los caídos de la Av. Baralt logró expulsar al sátrapa de Miraflores, la torpeza y las ambiciones de quienes manejaron la situación hicieron que se desperdiciara. La tiranía mutó y aunque eso ha sucedido de nuevo una y otra vez, con más sangre derramada, esta no ha sido todavía reivindicada más allá del reconocimiento al valor y el coraje de la población venezolana por parte del mundo. Pero eso no ha bastado.

Estamos en una situación inédita. No se puede tratar con los mismos moldes de cualquier otra que haya ocurrido dentro o fuera de Venezuela. No existe en el país liderazgo político para convocar a los venezolanos a seguir derramando sangre por nada. El planteamiento tiene que ser otro. Si bien es cierto tiene que haber una estrategia interna que convoque a los venezolanos, esta no puede ser convencional y debe manifestarse con tal fuerza y magnitud que mantenga permanentemente en jaque al régimen. Eso ha sucedido en los casos donde la población ha rechazado el llamado a elecciones inconstitucionales como las del 20 de Mayo de 2018.

Se está convocando de nuevo a otras elecciones sin la más mínima garantía. No se pueden seguir convocando elecciones en Venezuela sin condiciones y sin cambiar el sistema electoral, como lo dispuso la sentencia de la Sala Electoral del TSJ legítimo del 13 de junio de 2018. ¡Eso ya no se puede aceptar más! De entrada debemos llamar al rechazo a cualquier elección con este sistema electoral, comenzando con las del 9 de Diciembre de la misma manera como lo hicimos para el 20 de Mayo. Cualquier resultado de esa elección, o referendo constitucional si este es planteado por el régimen, debe ser rechazado y repudiado por todos y de todas las maneras posibles.

En consecuencia, la rebelión debe ser civil y No Violenta en su esencia pero con resultados contundentes de rechazo abierto y permanente a la dictadura. Debemos fomentar y crear cualquier manifestación de rechazo general que no someta a la población al riesgo de ser masacrada por estos delincuentes armados.

El no votar el 9 de diciembre en protesta por todo lo que sucede en Venezuela debe ser un ejemplo de eso.

Pero eso no resuelve la situación de secuestro. “Los venezolanos no podemos auto liberarnos” como indicara recientemente en España el ex Embajador Diego Arria. El secuestro debe ser enfrentado de otra manera. Los ejércitos de ocupación que nos sojuzgan deben ser retirados de nuestro país, comenzando por el ejército regular del gobierno cubano. Cuba debe retirar sus efectivos militares de Venezuela. Y eso no sucederá si no se ejerce toda una política de disuasión internacional en contra ese país y con el resto de los que apoyan al régimen. De la misma manera deberá enfrentarse desde afuera la situación con el resto de los grupos irregulares, comenzando por los colombianos FARC y ELN, con el apoyo del nuevo gobierno de Colombia.

Todo ese desmontaje debe ser coordinado y organizado desde fuera de Venezuela por un gobierno legítimo y constitucional que pueda dar los pasos necesarios para desenredar esta situación pacíficamente, respaldado por los Estados Unidos como principal aliado, seguido por la comunidad democrática latinoamericana de naciones y la Unión Europea. ¿Es esto ilusorio? No lo creo. Siempre es posible darle un chance a la paz aunque estemos muy cerca de la violencia. Esperemos que quienes tienen ahora la responsabilidad de establecer ese gobierno legítimo y constitucional entiendan la magnitud de este secuestro y los pasos decisivos que se deben dar para salir de él.

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