John Mario González: Sin estrategia frente a Venezuela

Luce como si el gobierno tuviera una auténtica estrategia para enfrentar la crisis con Venezuela. Ha dicho el presidente Duque que tiene confianza en la ruptura colectiva de naciones con el vecino y fe en que las denuncias ante la Corte Penal Internacional lleven a un juicio de Maduro. Hay que agregar las esperanzas en el apoyo militar de Estados Unidos, en caso de necesidad, o en los arrebatos de Trump sobre una intervención en Venezuela.

Pero, vistas en detalle, no hay más que acciones dispersas, carentes de estrategia, que añaden el riesgo de subordinar los intereses estratégicos nacionales a la retórica o los ímpetus de mandatarios extranjeros. Mientras, Venezuela profundiza relaciones estratégicas con Rusia, China, Turquía e Irán, que traduce en apoyo militar pronto y efectivo, a la vez que despliega una esencia opresiva sin precedentes, al mejor estilo estalinista, en su batalla por el control del Estado y la sociedad.

En efecto, el chavismo se quedó sin ningún contrapoder al hacerse con el control de los municipios en las elecciones locales del domingo pasado, más el recordado autogolpe con la insólita asamblea constituyente, la hambruna que dispersó, el exilio de la oposición y las purgas y torturas a los militares. Pero, además, el mecanismo de control social y vigilancia de los ciudadanos en que han convertido el carnet de la patria, con el apoyo chino y su gigante de las telecomunicaciones ZTE.

Entre tanto, Duque confía en la tibieza, salvo contadas excepciones, de sus pares latinoamericanos, que son incapaces de sancionar a Venezuela en la OEA, aunque con fanfarria firmaron en septiembre de 2001 la Carta Democrática Interamericana. También confía en lo que pueda hacer la CPI, cuando el presidente de Sudán, Omar Hassan al Bashir, se ha burlado de sus fallos desde 2009, y Gadafi murió sin que su detención fuera efectiva.

La única potencia en el hemisferio occidental con la capacidad de liquidar a los déspotas tampoco parece tener clara la estrategia, aunque Trump puso la vara muy alta con la idea de la intervención sin la determinación de hacerlo o medir los condicionantes. Y las ambivalencias o vacilaciones en la política exterior de Estados Unidos sí que han resultado costosas, como lo probó el fallido desembarco en Bahía de Cochinos en abril de 1961.

La misma confianza en Estados Unidos llevó a Mijeíl Saakashvili a ordenar una operación militar en Osetia del Sur en agosto de 2008, y las tropas rusas terminaron arrodillando al presidente georgiano en cuestión de pocos días. Con similar confianza, Ucrania terminó en las mismas, y a Rusia no se le impidió fortalecer su enclave sirio.

Por eso, Estados Unidos debe clarificar si lanza una intervención en Venezuela, si los militares rebeldes podrían derrocar el régimen o si impulsa una Contra desde territorio de Guyana o un país limítrofe, como lo hizo en Honduras en contra de los sandinistas de Nicaragua en los ochenta. Pero la doctrina no puede ser la de no interrumpir al enemigo cuando se esté equivocando, porque, al contrario, están ejecutando a la perfección el manual de la dictadura al totalitarismo, y eso puede ser muy costoso para Colombia y el mismo Estados Unidos.

El expresidente Santos, al menos, la tenía muy clara: lidiar con el régimen de Maduro mientras preparaba al país para un mejor escenario. Pero, ahora, el gobierno Duque se lanzó a la táctica de la confrontación y pareciera haberse quedado sin guion, a expensas de la mera confianza.

JOHN MARIO GONZÁLEZ
En Twitter:  @johnmario