Vinicius salva al Real Madrid y hace renacer la esperanza

La mala suerte —que no el mal fútbol— la espantó Vinicius con un gol de churro, en el minuto 83, para romper la mala racha de cinco partidos consecutivos sin ganar en la Liga. Toda la suerte que le faltó a Lopetegui en su corta etapa, la tuvo Solari en su debut en el Bernabéu.

EL CONFIDENCIAL

El Real Madrid consiguió una victoria (2-0) agónica gracias a una jugada de fortuna del brasileño que inició en el costado derecho, encaró hacia el área y su centro pegó en la espalda de Olivas. La pelota cambió la dirección. De ir a ninguna parte se envenenó a la portería de Masip. El portero del Valladolid no reaccionó al infortunio. Una jugada de carambola en la que no se debería encumbrar a Vinicius como héroe, pero que por su determinación por ir al área tuvo premio. Vinicius tiene las toneladas de ilusión que necesita la afición y ya solo por esto le convierten en el salvador de otra tarde aciaga del equipo madridista. El público, entregado, pidió que tirara el penalti sobre Benzema y no Sergio Ramos. El capitán no se lo cedió.

Vinicius dio aliento a un Real Madrid espeso y con sus grandes figuras desdibujadas. En su debut como titular —en la goleada contra el Melilla en la Copa del Rey— demostró que tiene otro aire. La energía y chispa que necesita un grupo enfermo de confianza y falto de seguridad. Resulta difícil de explicar y entender el bloqueo que tienen algunos de los nominados al Balón de Oro. Se podría justificar por un bajón físico alarmante, una pérdida de fluidez, inspiración y contundencia que empobrece el juego colectivo. Parece inexplicable lo poco que se atreven a arriesgar futbolistas como Bale, Asensio, Modric, Kroos y Benzema para reventar los partidos con acciones individuales o colectivas. Están apagados. Ni brillan ni convencen. De las tinieblas les tuvo que sacar un chaval brasileño de 18 años con una jugada afortunada que hará pensar a Solari si todavía merece más minutos.

Solari tuvo el atrevimiento de meter en el campo a Vinicius en un momento del partido en el que el Bernabéu estaba atemorizado con el dominio del Valladolid y dos disparos al larguero a la portería de Courtois. Se barruntaba una bronca de las que hacen época en el estadio con otro pinchazo y la imagen de unos futbolistas sofocados. Hasta que entró Vinicius —tercer cambio por Marco Asensio—, el entrenador provisional agotó las opciones de Isco por Casemiro y Lucas Vázquez por Bale. Ninguno de los dos mejoró la fluidez del juego ni la peligrosidad. El efecto fue el contrario. El Valladolid, bien armado atrás y con una altísima concentración, se fue estirando para poner en apuros a Courtois.

Solari da instrucciones a Vinicius. (EFE)

Solari da instrucciones a Vinicius. (EFE)

El desparpajo de Vinicius

En el Bernabéu se vivía una de esas tardes de crisis donde las gradas huelen a pólvora. Un gol del Valladolid habría provocado una despedida atronadora. Durante el encuentro había avisado la afición con pitos al descanso y a algunos jugadores a los que no perdonan su apatía e indolencia. Bale, el más señalado. Entró Vinicius, con su desparpajo, y fue como si empezara a descontaminarse el humo que salía de las gradas. La expectación por ver al brasileño era el fino hilo a la esperanza del milagro. El optimismo porque se le ocurriera algo creció. Porque inventara un regate, un pase, una incursión en el área o un disparo era todo a lo que se agarraba un estadio que estaba sufriendo una nueva pesadilla. Debió notarlo el chaval y también sus compañeros porque los balones que le llegaban los interpretó con enorme responsabilidad. Vinicius se la jugó en la acción del gol de churro y le salió a pedir de boca. Hasta el árbitro le adjudicó el tanto en el acta.

El golpe del gol fue duro para un excelente Valladolid. Inmerecido. Lo notó y bajó los brazos con resignación. De ello se aprovechó Benzema para pisar el área y provocar un penalti que ejecutó Sergio Ramos a lo Panenka. Una victoria reparadora para un Real Madrid horroroso en el que destacaron Reguilón, en el lateral izquierdo, y Odriozola, en el derecho. Sus continuas subidas y centros fueron los únicos recursos para crear ocasiones de gol. Courtois tuvo un par de buenas intervenciones y poco más hasta que salió el niño de oro para hacer su ‘churrigol’.