Thierry Ways: Como un zapato

¿Qué puede llevar a todo un expresidente de gobierno de una nación primermundista a poner su nombre al servicio de un régimen tan desprestigiado como el chavismo y de un fulano tan ídem como Nicolás Maduro? ¿Qué motivación, distinta al recibo de honorarios, de lo cual no hay constancia, hace que alguien por fuera del sistema venezolano le sirva de escudo al ‘socialismo del siglo XXI’ a estas alturas del naufragio? ¿Qué oscuras razones impelen a José Luis Rodríguez Zapatero, protagonista de estas preguntas, a ubicar las causas del éxodo venezolano en “las sanciones económicas impuestas por Estados Unidos”, como acaba de hacer, y no en el infausto mandato del elegido de Chávez?

Zapatero no está solo. José ‘Pepe’ Mujica, expresidente uruguayo y sabio en alpargatas para la izquierda continental, acaba de decir, al tiempo con su homólogo español, que “lo que está sucediendo en Venezuela no es culpa de Maduro”, sino de “la riqueza petrolera”.

“La culpa es de los gringos”: ¿dónde hemos escuchado eso antes? Exacto, en boca de los apologistas de la Revolución cubana, que llevan 60 años diciendo que, de no ser por el bloqueo estadounidense, Cuba sería el paraíso socialista que prometió Fidel. Omiten un detalle: el embargo económico afecta el comercio entre la isla y EE. UU., mas no ha impedido que Cuba comercie con países como España, Francia, Holanda, Canadá, Rusia y, mientras existió, la Unión Soviética. Ninguna de esas relaciones comerciales evitó que la economía cubana se desmoronara como se desmoronan los edificios en La Habana. Las sanciones a Venezuela, en todo caso, han sido selectivas y nunca tan severas como el embargo general impuesto al castrismo. Y si el petróleo fuera el causante de la crisis, como dice Mujica, Arabia Saudita sería un lodazal.

Las sanciones a Venezuela nunca han sido tan severas como el embargo impuesto al castrismo. Y si el petróleo fuera el causante de la crisis, como dice Mujica, Arabia Saudita sería un lodazal.

Mientras esos señores andaban excusándolo, Nicolás Maduro, a quien no le vendría mal algo de restricción calórica, se regalaba un opíparo banquete junto a su esposa en un reconocido restaurante de Estambul, cuyo chef propietario es famoso por sus gestos teatrales para cortar las carnes, por su pinta de doble de Johnny Depp en ‘Piratas del Caribe’, por el importe de sus facturas y por su estilo peculiar para salar las presas: con el antebrazo plegado hacia atrás y la muñeca quebrada hacia adelante, como quien remeda una cobra.

Lo último que necesita Maduro es más sal: bastante ha esparcido ya sobre su país para ir a buscar refuerzos en la Turquía de Erdogan. Tampoco le luce salir en redes sociales fumando habanos frente a suculentas viandas, mientras sus compatriotas huyen del hambre y la escasez con sus pertenencias a cuestas. Pero el mostachudo mandamás seguirá haciendo de las suyas mientras cuente con exculpadores de oficio, como Mujica y Zapatero, que lo ayuden a encontrar excusas exógenas para la debacle en que está sumido su país.

En algo tienen razón los exculpadores: la responsabilidad no recae únicamente sobre Maduro. Él fue apenas el timonel tardío de una nave que hacía agua desde el primer día. No debemos olvidar que quien lanzó al mar el crucero llamado ‘socialismo del siglo XXI’, poniendo así en marcha el proceso de deshilachamiento de Venezuela, fue el extinto comandante Hugo Chávez. La muerte lo eximió de admirar los frutos de su creación.

No entiendo, como dije arriba, qué conduce a prominentes expresidentes a defender lo indefendible, a servir de avalistas del casco del Titanic. Es un misterio. De todas maneras, para quienes no hallamos provecho en el colapso venezolano –pues hay quienes sí–, sino que lo observamos desde afuera con incredulidad y desconsuelo, estos personajes, inferiores a su responsabilidad histórica, están quedando como reza la expresión que sirve de título a estas palabras.

THIERRY WAYS
tde@thierryw.net