Ramón Pérez-Maura: Venezuela, tan lejos tan cerquísima

La tragedia de Venezuela se resumía esta semana con la portada de ABC del pasado miércoles. Aparecía en ella una imagen de personas cubiertas con mantas y acarreando sus enseres por una carretera con el titular: «No es la guerra de Siria, es Venezuela». Pero incluso la caída al abismo de esa nación antaño rica y hoy paupérrima es disimulada por algunos medios de comunicación que hacen esfuerzos por ocultar la responsabilidad de lo que allí ocurre. El pasado lunes un diario madrileño abría su crónica en la pagina 3 con la siguiente frase: «La llegada a los países vecinos de miles de venezolanos y nicaragüenses que huyen de la crisis en sus respectivos países…». Seguro que si en lugar de huir despavoridos de Nicolás Maduro y Daniel Ortega hubiesen escapado de un dictador como Augusto Pinochet habríamos leído su nombre en el lugar de la palabra «crisis». Pero para la izquierda internacional sigue habiendo dictadores buenos y dictadores malos.

La izquierda española, y en especial el socio del Gobierno, Podemos, huye de hacer ningún comentario sobre Venezuela. Todavía recuerdo aquellos debates con Juan Carlos Monedero cuando nos explicaba lo avanzada que era la democracia chavista y lo que tendríamos que aprender de ella. Nunca más se supo. Y fuese y no hubo nada porque nadie quiere que se le identifique con el resultado de esas política que jaleó Podemos. El resultado de los ajustes económicos ha tenido como resultado que los cajeros de Caracas dispensan ahora entre 10 y 50 bolívares soberanos al día, dependiendo de cada banco y de la disponibilidad. 50 de esos bolívares es menos de un dólar. Al mismo tiempo se ha incrementado el salario mínimo un 6.000 por ciento mientras que se han congelado los precios en un afán de frenar la inflación. Al tener que subir los salarios y no poder subir los precios a los que venden sus productos las cuenta de la vieja te enseña que la mayoría de los negocios van a ir a la quiebra si cumplen con el mandato de incremento de sueldos.

Con estos mimbres el cesto que se está construyendo es catastrófico y la mayoría de los venezolanos, que a lo largo de esta semana han visto como la inflación sigue repuntando, dudan mucho que puedan dar resultados las maniobras gubernamentales. En un intento desesperado por controlar la situación, Maduro ha vinculado su Bolívar Soberano al Petro, una criptomoneda respaldada por el petróleo creada este mismo año por Venezuela y que ni siquiera circula o se cotiza. A mí no me extrañaría nada que sea otra moneda ideada por Juan Carlos Monedero, que tiene cierta experiencia en crear ese tipo de engendros. Por algo el Tesoro norteamericano ha advertido ya que el Petro no es más que un intento de fraude hacia quienes se conviertan en sus clientes.

Y el pasado jueves tuvimos otro ejemplo de las lecciones aprendidas por Podemos en Venezuela: convencieron al presidente Sánchez para que desmantele nuestro equilibrio institucional democrático y desposea al Senado de sus funciones legislativas más importantes. Exactamente igual que Maduro quitó funciones a la Asamblea Nacional por estar controlada por la oposición al Gobierno. Eso es el camino hacia una democracia bolivariana como la que Podemos quiere implantar en España. Y, desgraciadamente, lo está haciendo con la ayuda del PSOE. A la vista está.