Presidenciales en Colombia: Iván Duque busca alianza con César Gaviria

El candidato presidencial Iván Duque inició un acercamiento con el ex presidente de Colombia César Gaviria, que cuenta con el respaldo de 44 de los 49  congresistas electos del partido, quien convocará una reunión extraordinaria con sus bancadas para analizar los alcances de un posible  acuerdo y votar de manera  pública para definir cual será el camino del liberalismo en la segunda  vuelta.

CARACOL RADIO

Caracol Radio conoció que fue Iván Duque fue el que invitó a Gaviria para este primer encuentro con otras fuerzas  políticas, de cara a consolidar su caudal electoral para la segunda vuelta , 24 horas después de los resultados que lo enfrentarán con Gustavo  Petro el próximo 17 de junio.

Gaviria emitió un comunicado este domingo en el que manifestó que el partido buscará la mejor alianza para Colombia.

COMUNICADO DEL EX PRESIDENTE CESAR GAVIRIA

Ha culminado hoy la jornada electoral de la primera vuelta. Felicitaciones al Dr Ivan Duque y Marta Lucia Ramírez, y al Dr Gustavo Petro y a su fórmula María Angela Robledo. Los colombianos no votaron por mantener el statu quo ni por la continuidad, sino por un camino de reformas e igualdad.

Le queremos expresar nuestra gratitud y admiración a nuestro candidato Humberto de la Calle Lombana y a su fórmula vicepresidencial Clara López por la manera como transmitieron las ideas liberales y nuestros propósitos esenciales.Nos complace que, como Jefe del equipo negociador, De la Calle haya realizado dicha tarea de paz con las FARC con éxito, buen tino, firmeza y el apoyo decidido del gobierno. Mucho le debemos los colombianos por su abnegada y acertada labor.

Cuando culminó la consulta liberal que anticipamos con la idea de buscar una coalición de centro izquierda nos encontramos con que el candidato de la Alianza verde propuso una consulta bastante extraña: él quería una coalición con el candidato de la Calle, pero no con el partido liberal al que descalificó de una manera tajante y ofensiva. Tomamos entonces la decisión de ir, sin alianzas para la primera vuelta, a defender las ideas que nos son más fundamentales. No entiendo cómo nos atribuye la responsabilidad de la formación de una coalición de centro izquierda.

Y, como parte de esas luchas, procuraremos que la justicia transicional nos permita empezar de nuevo a construir entre todos la democracia que queremos, sin armas, sin intimidaciones, y con todas las garantías de que se van a cumplir los compromisos del estado colombiano y de las FARC. Lucharemos para que no prevalezcan los criterios de quienes prefieren una paz sin solidez, o quieren revocar los compromisos adquiridos. Están en derecho de expresar sus discrepancias pero más vale que se atengan a sus preceptos como lo ha dispuesto en sus sentencias la Corte Constitucional, y que busquemos zanjar nuestras diferencias, lo que aún es posible.

El gobierno ha asumido una actitud un poco pasiva frente a las dificultades de implementación del proceso de paz, y tanto el Gobierno como las FARC han cumplido solo a medias algunos de sus compromisos. El gobierno que llegue tendrá una compleja tarea que le devuelva al proceso toda su eficacia a riesgo de perder el largo camino que hemos recorrido. Las amenazas de volver trizas los acuerdos son hoy una espada de Damocles que ponen en duda la vigencia de todo el Acuerdo, y las resistencias a poner en funcionamiento la JEP son de quienes reclaman airadamente porque los no guerrilleros han acudido a ella. Si no abandonan esa actitud de desconocer lo que se pactó vamos a terminar dando marcha atrás, o sosteniendo que estamos ineludiblemente condenados a la violencia de tinte político. El Congreso de Colombia y la Corte Constitucional serán el escenario del cumplimiento de los acuerdos.

Deseamos que el País deje atrás la polarización política y que las energías de los protagonistas de la política colombiana se dediquen a enfrentar los grandes desafíos que hoy tiene Colombia. Nuestra bancada está presta a hacer los acuerdos nacionales que sean menester para confrontar los problemas nacionales. Se vienen decisiones difíciles en el terreno económico, en la política social, en el sistema de salud, en el de pensiones, en el cumplimiento de la reforma rural integral, en educación básica y preescolar, en las universidades públicas, en la protección de nuestro entorno natural. Tenemos que fortalecer los derechos de las minorías, étnicas, sexuales, por discapacidad y proteger a la mujer de la violencia intrafamiliar.

Avanzaremos en coalición con otras fuerzas políticas hacia la igualdad de oportunidades que les abra a todos los colombianos la posibilidad de una vida digna, sin exclusiones, sin discriminaciones, con total respeto a las creencias de todo el mundo que se originan en la libertad de cultos consagrada en la Constitución del 91.

No podemos aceptar que los fallos de la Corte Constitucional se puedan limitar por creencias religiosas. La discriminación no se puede entronizar en nuestra sociedaddespués de haber logrado la libertad de cultos. El derecho a la libertad de expresión y de conciencia debe prevalecer cuando se examinen los derechos fundamentales de los ciudadanos. No creemos que esta convicción sea un motivo de diferencias insalvables con ninguna de las Fuerzas políticas como ocurrió lamentablemente durante el plebiscito.

Nuestra participación en los acuerdos nacionales no nos debe llevar a una democracia recortada en la que se apele a la práctica del silencio y a la política de simple repartija burocrática, o de remunerar con mermelada todos los votos favorables a las iniciativas gubernamentales.

No vivimos tiempos de canapé republicano. Por eso persistiremos en el ejercicio de la crítica, el disentimiento, el pluralismo, la tolerancia, el respeto por las ideas ajenas, que son de la esencia liberal y en ello debemos insistir.

Nos preocupan hondamente las condiciones de vida de muchos de nuestros campesinos y de los millones de desplazados por 60 años de guerra. Pero igualmente nos preocuparemos como expresamente lo dice el Acuerdo de Pazpara desarrollar una economía moderna en el campo que use las técnicas avanzadas que nos permitirán un desarrollo de la agricultura comercial de alta productividad con énfasis en la Orinoquía colombiana y en el marco de un desarrollo que sea sustentable.

Somos totalmente conscientes de que en Colombia, como en muchas otras latitudes, se ha generado una tendencia anti establecimiento a la que se debe hacer frente corrigiendo los males que sufre nuestra democracia. Dijimos que combatiremos la corrupción sin descanso y aseguraremos que nadie se puede sentir por encima de la ley.

Reconocemos la pertinencia de las coaliciones que han hecho de la corrupción su bandera de campaña, pero queremos advertir que sin partidos políticos o se debilita o desaparecerá nuestra democracia, como ocurrió en otros países de Latinoamérica. Eso lo entendieron bien Carlos Lleras, Alfonso López Michelsen, Luis Carlos Galán, Rodrigo Lara y Alvaro Gómez. Sólo con partidos políticos fuertes, limpios y vigorosos podremos transformar a Colombia.

Los episodios recientes de corrupción se deben combatir con toda la severidad de nuestra justicia y con nuevos instrumentos de rendición de cuentas, de transparencia y con personas de trayectoria pública intachable. Los protagonistas de la segunda vuelta deben ser capaces de interpretar la indignación de los colombianos y hacer propuestas que nos lleven por el sendero de recuperar nuestra democracia hoy muy cuestionada. Pero para lograr tales propósitos se necesita más que buena voluntad o creer que hay una manera de separar a los colombianos entre buenos y malos. El maniqueísmo nos impedirá conseguir estos propósitos de lucha contra la corrupción.

Confiamos en que nuestras decisiones nos lleven a recuperar el papel fundamental que el liberalismo ha cumplido en la historia de Colombia. Hay que dejar atrás la sombra del proceso 8000 que tanto daño le hizo a Colombia y a nuestra colectividad. Entiendo que no hubo prueba reina, o que cabía la duda razonable. Pero la complicidad para defender todo lo que ocurrió se sale de nuestras más caras convicciones. Lo mismo que las complicidades con los paramilitares o guerrilleros o los que se involucraron en el llamado Cartel de la Toga. También somos enfáticos en condenar el apoyo a Samuel Moreno cuando ya era evidente la presencia del “cartel de la contratación”. Si de algo nos podemos enorgullecer ha sido de nuestro total respeto a las decisiones judiciales en todas las instancias, en particular de la Corte Suprema, y de esa conducta no nos vamos a separar.

No nos gustó que algunos medios y grupos económicos en vez de informar objetivamente decidieron entregar su redacción política al servicio de algunas de las campañas. A mi juicio esos comportamientos no le hacen bien a nuestra democracia ni defienden mejor lo que son los legítimos intereses de sus dueños. Pero es a los ciudadanos y no a los medios de comunicación a quienes les corresponde escoger presidente. A muchos nos molestan las noticias orientadas no a informar sino a producir determinados resultados políticos. Y no me estoy refiriendo a los columnistas ni a los editoriales.

Hay muchos aspectos del Gobierno de Santos donde no vimos el ímpetu reformista que interprete hoy el liberalismo y que demanda el País. Hay que partir de una idea simple: lo que el país necesita hoy no es continuidad, sino reformas. Hay aún decenas de instituciones y políticas funcionando mal, porque se cimentó el mal hábito de repartir a jirones la administración; y muchas entidades del Estadose sienten a menos de media marcha. Se requieren grandes rectificaciones y mucha más voluntad de cambio político y social. Esa es la principal debilidad de nuestra democracia.

Y queremos defender el proceso de paz, y que cumpla con todos los estándares de verdad, justicia, reparación y reconciliación. Ningún proceso de paz del pasado cumplió con estos estándares así tengamos reservas sobre las penas que pagarán militares o comandantes guerrilleros. Ese fue el costo de hacer La Paz. A mí personalmente no me gustó, y no pretendo cambiarlo, que el Congreso haya excluido a los civiles. Eso solo significa que la justicia ordinaria tendrá procesos acumulados por décadas en vez de recibir los no combatientes el tratamiento de justicia restaurativa que ofrece el Acuerdo. No veo qué gana con ello la sociedad colombiana, ni los propios no combatientes.

En el curso de la presente semana haremos un análisis juicioso de qué tipo de presidente necesita el país, que compromisos esperamos de él, y tomaremos una decisión compartida con nuestras bancadas. No estigmatizaremos a ninguno de los dos candidatos ni ahora ni en la campaña, ni creemos que eso le sirva a nuestra democracia. Esperamos propuestas que no estén basadas en el populismo y que estén bien fundamentadas en lo económico.

En todo caso los cambios económicos políticos y sociales que se proponga el nuevo gobierno deben partir del más estricto respeto a nuestra Constitución, a nuestro estado de derecho. El liberalismo tiene que tomar la vocería de los que no tienen una voz con derecho a ser oída. Tenemos que reconocer que los más vulnerables son menos capaces de ayudarse a sí mismos a salir adelante. Primero los pobres.

Y esperamos que en la segunda vuelta los candidatos infundan esperanzas, programas, propuestas y no miedos ni temores para conseguir el apoyo ciudadano. Y que infundan confianza y fe en la democracia, y optimismo sobre el futuro de Colombia.

Colombia necesita que los candidatos le infundan optimismo y no esa actitud retardataria de que todo tiempo pasado fue mejor, o de que todo lo hemos hecho mal. Tenemos mucho más problemas por lo que no hemos hecho, por las tareas pendientes, que por lo que hemos hecho así se hayan cometido errores.