Philippe Waechter: Venezuela: El fin de la crisis queda lejos

Venezuela atraviesa una crisis. Su actividad económica se está hundiendo, la inflación se dispara a un ritmo frenético y el valor de su divisa está cayendo en picado. Además, los habitantes están abandonando el país a la menor oportunidad al percibir que no tienen futuro ahí.

La población se muere de hambre. Su peso medio no deja de disminuir año tras año. De acuerdo con una encuesta sobre condiciones de vida (Encovi), el peso medio de los venezolanos era 11 kilos menos en 2017 que en 2016 y 8 kilos menos en 2016 que en 2015. Se trata de una medida que refleja inequívocamente una profunda crisis. De acuerdo con esta encuesta, en 2014 los habitantes excluidos de la pobreza representaban el 51,8 por ciento de la población, un porcentaje que en 2017 apenas llegaba al 13 por ciento. En otras palabras, el 87 por ciento de la población se consideraba pobre.

Cuando el precio del petróleo era alto, como ocurría antes de mediados de 2014, la situación era gestionable, pero en cuanto ha bajado no existen recursos para crear nuevos ingresos.

La tasa del PIB real es actualmente un 40 por ciento más baja que la registrada en 2015 y la inflación presenta un perfil de hiperinflación. El índice de café con leche que utiliza Bloomberg muestra la fuerte escalada que han sufrido los precios. Se estima que la tasa de inflación alcanzará este año el 1.000.000 por ciento.

A comienzos del año la moneda venezolana se cambiaba a 10 bolívares por dólar y ahora casi a 250.000 bolívares/dólar (tasa oficial). Durante el fin de semana, se ha devaluado drásticamente hasta el 95 por ciento frente al dólar estadounidense. El nuevo bolívar soberano tiene un valor de 6.000.000 por dólar. Al mismo tiempo, los billetes de la divisa se han redenominado mediante la eliminación de cinco ceros, pasando a denominarse “bolívar soberano” en vez de “bolívar fuerte”.

Para compensar la devaluación, el salario mínimo se incrementó un 3.500 por ciento hasta alcanzar el equivalente a 30 dólares estadounidenses al mes, mientras que el IVA se elevó un 4 por ciento.

La cuestión es si el plan de Maduro será eficiente. En resumen, la ingente devaluación que se ha producido aumentará drásticamente los precios de importación, lo cual no hará sino reforzar la inflación actual. Eso solo puede conducir a una hiperinflación. El aumento del salario mínimo no sirve para nada, ya que la producción se ha hundido y las tiendas están vacías. Por lo tanto, los venezolanos no estarán más contentos aunque el salario mínimo haya aumentado un 3.500 por ciento.

Las dos principales deficiencias del plan están asociadas con la política monetaria y con la ausencia de compromiso con el resto del mundo.

La cantidad de bolívares en circulación se ha disparado desde el inicio de 2018 y es una causa real de la hiperinflación. La ecuación es fácil de entender. El banco central imprime cada vez más billetes de una moneda que nadie quiere poseer. Al no haber una contrapartida productiva que sostenga su valor, el precio interno de la moneda disminuye rápidamente, lo que genera hiperinflación. Es la dinámica que siempre se observa durante episodios de hiperinflación.

No he visto ningún compromiso por parte del banco central o del Gobierno que pudiera cambiar las expectativas sobre su comportamiento. Desde comienzos de 2018 la cantidad de billetes en circulación se ha disparado drásticamente, como muestra el gráfico. No existe ningún compromiso para invertir esta tendencia.

La conclusión más relevante es que nadie querrá cambiar de actitud ni tendrá interés por poseer esta divisa, por lo que el régimen de hiperinflación continuará.

En episodios anteriores de hiperinflación, el instrumento necesario para detener esta dinámica tan negativa ha sido forjar compromisos con instituciones externas. Los compromisos pueden ser una fuente de credibilidad si la política económica queda condicionada por ellos. Son también una fuente de estabilización macroeconómica, lo cual explica su utilidad.

Dicho de otro modo, si los compromisos son creíbles y el Gobierno los hace cumplir se produce un cambio de expectativas y actitudes. Si la política económica se vuelve creíble, cabe esperar que surjan nuevas relaciones de comercio con otros países que pondrán límites al país sumido en la hiperinflación. Al ver que el Gobierno respeta sus compromisos, los inversores extranjeros y la población podrían cambiar su percepción sobre el país, dando lugar a una nueva imagen y a una trayectoria más sólida.

Thomas Sargent ha analizado muchos de estos episodios en la Europa de los años 1920. De sus análisis se desprende que estos compromisos eran esenciales para frenar la hiperinflación. Sin embargo, con Venezuela no existe tal compromiso. Maduro incluso ha afirmado que no negociará con el FMI y que no quiere que intervenga en el proceso.

Tampoco es creíble que el nuevo bolívar soberano esté respaldado por una criptomoneda (el petro). Habrá que esperar a ver cómo varía el tipo de cambio entre las dos monedas.

El Gobierno venezolano ha creado condiciones para emular a la Alemania de 1923 y las medidas anunciadas recientemente no acabarán con la crisis actual, sino que más bien podrían acelerarla. Es previsible que más personas abandonen Venezuela y que surja un nuevo episodio de hiperinflación. ¡Pobres venezolanos!