Nuevo billete de 100 mil bfs y aumento de salario mínimo confirman hiperinflación

Por: Daniel Lozano (EL MUNDO/ESPAÑA)

La creación de un billete de 100.000 bolívares y la quinta subida del salario mínimo este año suponen un reconocimiento tácito de esta situación

El modelo del chavismo, basado en el control del cambio, de los precios y en las expropiaciones ha profundizado la crisis económica

“Victoria popular es el canto con el que vamos a recibir al Niño Jesús”. Entre aplausos y vítores, con supuesto orgullo incluso euforia, Nicolás Maduro dio por iniciada la Navidad mientras exhibía el nuevo billete de 100.000 bolívares, como si se tratase de una conquista de la revolución cuando significa todo lo contrario: la confirmación de que la hiperinflación, extinguida en el continente durante este siglo, ha regresado al país latinoamericano para pulverizar el bolsillo de sus ciudadanos. Como si fuera el dinosaurio económico de otra época y otras tierras, porque jamás antes había campado a sus anchas en Venezuela.

Ya le llaman el billete de la hiperinflación, el mejor termómetro para medir la tragedia económica que embarga al país con mayores reservas de petróleo del planeta. El FMI calcula que en 2018 los precios subirán 2.349,3% y que este año la inflación cerrará por encima del 600%, aunque economistas locales ya la sitúan por encima de los mil puntos. Además la recesión cumple su cuarto año y para el 2018 se teme que la economía caiga un 12% más.

La firma Econométrica también considera que la economía del país ha entrado técnicamente en hiperinflación al superar el 50% mensual en un máximo histórico.

Por consiguiente, ni victoria ni popular, por mucho que se empeñe la propaganda bolivariana. Hace un año, el billete de mayor denominación era el de 100 bolívares, que el gobierno ordenó retirar entre caos y disturbios para dar marcha atrás posteriormente. Hoy sigue vigente y como el resto del nuevo cono monetario (500, 1.000, 2.000, 5.000, 10.000 y 20.000), que comenzó a circular a principios de años y que sufre la misma escasez que los alimentos y las medicinas.

En un nuevo capítulo del surrealismo bolivariano, el nuevo billete exhibe el 100, en número, bien destacado mientras esconde debajo el “Cien mil” en letras pequeñas, como si en el papel no fueran a caber los seis números. “Es un error de diseño básico, les da pena (vergüenza) poner todos los ceros”, alertó el diputado opositor José Guerra.

Suben los salarios, pero menos que los precios

La galopante inflación ha obligado al gobierno a subir el salario mínimo por quinta vez en lo que va de año, pasando de 325.444 bolívares a 456.507, incluidos los bonos de alimentación. Un sueldo con el apenas se puede comer durante unos díasen la Venezuela revolucionaria: la canasta básica familiar rondaba en septiembre los cuatro millones de bolívares, según los estudios de Cendas. Para diciembre, el cálculo de esta organización es que se necesitarán 20 salarios mínimos para comer. Otro ejemplo de ayer mismo en Caracas: un paquete del detergente Ariel de 2,7 kilogramos costaba 100.950 bolívares.

“Para poner en contexto y estimar la variación real: el ingreso mínimo aumenta 400% y la inflación interanual es de 1.300%”, sostiene Henkel García, director de Econométrica. Se trataría por lo tanto de un ajuste salarial que solo compensa una parte del desmedido incremento del costo de la vida.

Otra firma, Ecoanalítica, ha calculado que las clases populares destinan el 90% de sus ingresos para la compra de alimentos. La debacle económica y social ha expulsado a cientos de miles de venezolanos de su país en los últimos meses y ha empobrecido a las clases medias y populares.

Una de las principales claves de la deriva de los precios de los alimentos, más allá de la estrepitosa caída de la producción nacional, es el control de cambios impuesto por el chavismo. El gobierno lleva cinco semanas sin abastecer el mercado de dólares, lo que obliga a empresarios y comerciantes a acudir al mercado paralelo, donde el billete verde americano se cotizaba ayer a 42.000 bolívares. Con este cambio, que rige buena parte de la economía venezolana, el nuevo salario mínimo estaría en 11 dólares mensuales, uno de los más bajos del planeta.

El resto de indicadores en el único país del continente que no crecerá este año son demoledores: se han perdido un millón de empleos en el sector industrial y el 38% de las industrias cerrarán en dos años. Desde la llegada de Hugo Chávez al poder en 1999, son más de 10.000 las empresas que han cerrado en Venezuela.

¿Y quién es el responsable de semejante hecatombe económica? Para Maduro no hay duda: Juan Manuel Santos, presidente de la vecina Colombia, “que dirige el ataque contra la moneda venezolana. Se roban todos los billetes para sacarlos para fuera. Es Santos quien dirige los ataques”. Paradójicamente, Colombia cerrará este año con una inflación del 4% y un aumento del PIB de 1,6%.

Para resarcir a su pueblo, además del quinto aumento del salario mínimo, el “hijo de Chávez” anunció la entrega de un bono de 500.000 bolívares para cuatro millones de hogares a través del carnet de la patria, así como distintos planes para distribuir juguetes y pernil de cerdo, una de las comidas navideñas favoritas de los venezolanos.

Elecciones municipales sin la oposición

Todo ello coincide con la convocatoria de las elecciones municipales para el 10 de diciembre, a las que no acudirán los principales partidos de la oposición tras las denuncias de ventajismo, abusos y fraude numérico durante los comicios de octubre. Primero Justicia, Voluntad Popular y La Causa R han forjado una nueva alianza que tiene por objetivo convocar unas primarias para elegir al presidenciable de la oposición.

La gran sorpresa de las últimas horas es la candidatura a la gobernación de Zulia de Manuel Rosales, líder de Un Nuevo Tiempo, rehabilitado por el chavismo esta semana. El gobernador elector de este estado es Juan Pablo Guanipa, destituido por la revolución por no subordinarse a la Asamblea Nacional Constituyente. Maduro ha amenazado con inhabilitar a los partidos que promuevan la abstención.

Las elecciones llegarán en diciembre acompañadas de un “CLAP navideño”, las bolsas de comida que el gobierno vende a precio subsidiado, una copia modernizada de la cartilla de racionamiento cubana. Economistas y analistas han advertido de la dependencia asfixiante que las clases más bajas tienen de este tipo de ayuda estatal, una evidente forma de control social y político, como se comprobó durante las elecciones regionales del 15-O. Aquel día incluso se regalaban las bolsas de alimentos para captar el voto, según denunciaron los candidatos opositores Carlos Ocariz y José Manuel Olivares.

El modelo del chavismo, basado en el control del cambio, de los precios y en las expropiaciones ha profundizado la crisis económica y llevado al colapso al aparato productivo nacional. “Este es el camino que nos lleva al barranco, porque no resuelve el problema de fondo que es la inflación y el gobierno no está capacitado para hacerlo”, vaticinó Guerra, quien funge como una especie de ministro de economía en la sombra.

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