Funcionarios del SEBIN hostigaron a reportero de lapatilla.com

Juan Peraza, reportero de La Patilla salió a las 11:30 am cuando su jefe de audiovisual le pidió que cubriera una pauta en los alrededores de la casa del preso político Leopoldo López, pero como casi siempre pasa en Venezuela, la arbitrariedad es libre y no le importan las leyes.

Cuando Juan llegó a la casa del líder opositor y se disponía a capturar con su cámara todo lo que sus ojos no podían ver, tres funcionarios del Sebin con armas largas lo abordaron y le pidieron identificación. El primer reflejo de él fue mostrar su carnet del medio, pero lo que no imaginó es el “amor” que sienten los cuerpos policiales por la prensa.

“Se enamoraron de mí cuando mostré el carnet de La Patilla”, dijo Juan con una voz calmada pero con el miedo latente de no saber si algún día podía reencontrarse de nuevo con su familia, porque como dicen por ahí “al Helicoide entras, pero no sabes si sales”.

De inmediato lo montaron en una moto junto con su motorizado, y la excusa que ofrecieron fue que “hace poco se había escapado Antonio Ledezma y no podían darse el lujo de que otro preso se les escapara”, algo que Juan nunca entendió ya que como él explica “no llevaba armas, ni droga… solo llevaba mis herramientas de trabajo, las herramientas que me permiten darle de comer a mi familia”.

Al llegar al Sebin lo llevaron a lo que Juan identificó como “la oficina de inteligencia” donde le preguntaron cosas personales de su familia, le tomaron las huellas dactilares y lo tuvieron ahí por seis horas sin poder contactarse con nadie.

Juan, muy humildemente, agradece que no le pegaron ni lo maltrataron físicamente, pero el venezolano está tan aterrado por el miedo que se le olvida que lo que le hicieron también es una violación de las leyes, tanto del periodismo como de los Derechos Humanos.

Juan hoy es una víctima más de la agresión que ejercen los cuerpos de seguridad en contra de los que con mucho esmero y valentía tomamos la labor de informar, de ser la voz de las personas que aún nadie se digna a escuchar.

“Pensé en que nunca iba a volver a ver a mi hija, ese es el miedo que más me aterró porque pensé que iba a terminar preso en esos calabozos siendo torturado por esos tipos como lo son todos los presos políticos de este país”, es lo que responde Juan cuando le preguntas que fue lo que pasó este 20 de noviembre.

Hoy Juan es solo uno más de los periodistas que ha sufrido la brutalidad del Sebin, y a pesar que “salió barato”, como lo dice él, sigue siendo una atrocidad que no debería seguir ocurriendo en un país “democrático y libre”, o por lo menos eso es lo que nos dice el gobierno todos los días.

¿Por qué la prensa sufre estas pesadillas? ¿Por qué es necesario vivir esta agonía cada vez que se sale a cubrir una noticia o a informar? ¿Por qué pasan estas cosas si solo están haciendo su trabajo, al igual que los funcionarios del estado?Aunque son las preguntas correctas que se les deberían realizar a la nueva Asamblea Nacional Constituyente o al Ejecutivo, es dudoso que la consciencia los deje responder.

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