Epidemia de sarampión en Venezuela amenaza a Colombia y Brasil

En el 2016, tras una campaña mundial de vacunación de varios años, la Organización Mundial de la Salud declaró a América Latina libre de sarampión, una enfermedad viral altamente contagiosa que afecta a los niños pequeños y que puede provocar neumonía, encefalitis e incluso la muerte.

Pero menos de dos años después, un virulento brote de sarampión en Venezuela, combinado con un éxodo masivo del país sudamericano, está amenazando esa historia de éxito.

Según nuevas cifras de la Organización Panamericana de la Salud, en Venezuela ha habido 886 casos de sarampión desde junio del 2017, incluidos 159 en el 2018.

El segundo mayor brote este año en las Américas es en Brasil, con 14 casos, todos importados de la vecina Venezuela. Colombia también ha reportado tres casos confirmados, todos procedentes de Venezuela.

Venezuela, país petrolero y otrora sumamente rico, tenía un sistema de salud que era la envidia de la región. Y durante la presidencia del fallecido mandatario Hugo Chávez, el país se enorgullecía de ofrecer servicios médicos a los más necesitados.

Pero la profunda crisis económica de la nación, combinada con la huida masiva de médicos y la corrupción, han devastado el sistema de salud.

José Félix Oletta, quien fue ministro de Salud entre 1997 y 1999 y ahora dirige una organización sin fines de lucro llamada Alianza Venezolana por la Salud, dijo que el país parece incapaz de ofrecer siquiera un nivel de atención médica básico.

En el 2016 Venezuela fue afectada por un brote de difteria, una infección bacteriana que también se controla fácilmente con una vacuna. Y en los últimos años ha habido un aumento en los casos de malaria, tuberculosis y otras enfermedades que la mayoría creía eran vestigios del pasado.

Los brotes son “ejemplos claros” del deterioro de los programas básicos de salud, dijo Oletta. Su organización calcula que más de un millón de niños venezolanos no han sido vacunados contra el sarampión en el último decenio, y que eso pone en peligro a toda la región.

“Por cada persona a quien se le diagnostica sarampión, calculamos que otras 20 pueden estar afectadas. [El virus] tiene una enorme capacidad de propagación”, explicó. Y en ese sentido, el brote de sarampión en Venezuela “representa una emergencia internacional de salud pública”.

La Encuesta Nacional de Hospitales, un informe independiente publicado la semana pasada, determinó que en 88 por ciento de los 134 centros médicos analizados faltaban medicamentos básicos y 100 por ciento informó que sus laboratorios de Patología no estaban funcionando. Los venezolanos se van con frecuencia a Colombia y Brasil en busca de los servicios médicos que ya no hay en su país.

Esta crisis de salud ocurre en momentos en que cientos de miles de venezolanos están huyendo del país para escapar a la agitación política y la escasez crónica de alimentos y medicinas.

El brote de sarampión en Brasil se centra en el norteño estado de Roraima, uno de los principales puntos de cruce de los venezolanos que llegan al país. La semana pasada, las autoridades brasileñas de salud pidieron autorización a la Organización Mundial de la Salud para comenzar a vacunar obligatoriamente contra el sarampión a todos los venezolanos que lleguen.

Expertos dicen que la crisis de salud en Venezuela se exacerba por la falta casi total de información oficial. El Instituto Nacional de Estadísticas no ha publicado indicadores de salud desde el 2011. Y la última vez que el Ministerio de Salud emitió su informe epidemiológico “semanal” fue en el 2016. Nadie contestó a llamadas telefónicas al Ministerio de Salud venezolano.

Sin embargo, la Organización Panamericana de la Salud ha reportado al menos dos casos de muerte relacionados con el sarampión en Venezuela desde junio del 2017. Como resultado, ha activado un “plan de respuesta rápida” e informa que ha ayudado al gobierno venezolano a importar más de seis millones de vacunas para contener el virus.

Pero José Manuel Olivares, legislador opositor y presidente de la Comisión de Salud de la Asamblea Nacional, alega que hay evidencia de al menos 40 muertes relacionadas con el sarampión. Y se queja de que el gobierno no dice dónde están administrando la vacuna.

Olivares dice que ha visitado hospitales y centros de salud en todo el país en semanas recientes y que la falta de vacunas es dolorosamente evidente.

“Si la Organización Panamericana de la Salud está enviando vacunas al país, no entendemos por qué el gobierno no está vacunando”, dijo.

El legislador especuló que estaban acumulando las vacunas para una campaña de inoculación cerca de las elecciones presidenciales del 20 de mayo, y dar así un impulso al presidente Nicolás Maduro.

“Sería muy triste [que las vacunas] fueran parte del espectáculo electoral”, dijo.

La Organización Panamericana de la Salud no respondió a correos electrónicos ni llamadas para pedir información, pero parece ser una de las pocas organizaciones que ha podido entregar asistencia al gobierno venezolano.

Otras organizaciones, como la Cruz Roja y Cáritas, entidad de asistencia de la Iglesia católica, han dicho que el gobierno venezolano les negado permiso para llevar suministros médicos básicos.

Los gobiernos de Brasil y Colombia también han pedido a Venezuela que acepte la asistencia internacional.

El gobierno de Maduro ha expresado temores de que la asistencia extranjera pueda usarse para socavar el gobierno socialista. Diosdado Cabello, vicepresidente del gobernante Partido Socialista Unido de Venezuela, dijo recientemente que el país no necesita asistencia humanitaria, sino que Estados Unidos levante las sanciones financieras al país.

Expertos señalan que la crisis en la salud pública en Venezuela comenzó años antes de que Estados Unidos, en agosto del 2017, prohibiera a las instituciones financieras estadounidenses manejar deuda venezolana.

Pero la semana pasada, la Comisión de Derechos Humanos de la ONU adoptó una resolución que condena el uso de sanciones unilaterales, afirmando que tienen “implicaciones de largo alcance” sobre los derechos humanos básicos y afectan desproporcionadamente “a los pobres y las clases más vulnerables”.

El legislador Olivares dijo que la culpa del brote son las fallidas políticas sociales y económicas del gobierno de Venezuela.

“Tenemos una crisis de salud en el país, y en el caso del sarampión ya estaba controlado en todas las Américas con una simple vacuna”, afirmó. “Pero el gobierno no quiere reconocer que tiene un problema, y mucho menos que pudiera ser responsable de lo que sucede en Colombia o Brasil”.