El Nuevo Herald: Maduro entregó al ELN control de la minería en Bolívar

 

Delgada y de cabello oscuro y rizado, esta joven de 29 años dedicada a la minería de oro dijo que se había acostumbrado a la violencia, la anarquía y el poder de los caudillos en el sureste de Venezuela.

Durante años, el terreno lodoso que trabajaba con su familia estuvo atrapado en una guerra entre pandillas rivales que dejó decenas de muertos.

Pero las cosas cambiaron hace un año, cuando llegó una nueva pandilla, el Ejército de Liberación Nacional (ELN) de Colombia.

La joven minera dijo que más de 100 guerrilleros bien armados del ELN —que llegaron en camiones y en uniformes militares sin identificación— descendieron sobre su aislado poblado minero junto a la frontera con Guyana y casi a 500 millas de distancia de la frontera con Colombia.

“La gente decía ‘los guerrilleros vienen, los guerrilleros vienen de Colombia’ “, recordó la mujer, quien pidió no ser identificada por temor a que su familia sufra represalias. “Y llegaron de un día para otro”.

El grupo guerrillero tuvo durante decenios presencia en la frontera entre Venezuela y Colombia, pero hay señales de que estos rebeldes marxistas han ganado en fuerza y audacia en momentos que aprovechan el caos generalizado y la falta de seguridad en Venezuela.

El jueves, Javier Tarazona, del grupo venezolano de derechos humanos REDES, pidió al fiscal general de Venezuela que investigue una ola de homicidios y secuestros a lo largo de la frontera, que él atribuye al ELN y otras pandillas colombianas.

Las guerrillas “avanzan desvergonzadamente en territorio venezolano para controlar completamente todos los cruces fronterizos y todas las áreas a lo largo de la frontera”, dijo Tarazona. “Y lo que nos sorprende es la actitud complaciente de las autoridades venezolanas, que nadie está tratando de detener estas acciones”.

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Efectivos del Ejército de Liberación Nacional (ELN) de Colombia liberan a los periodistas holandeses Derk Bolt (segundo desde la izquierda) y Eugenio Follender, al norte de Santander, Colombia, el 24 de junio del 2017.
Defensoría del Pueblo de Colombia AP

Hace unos meses, REDES reportó que el ELN estaba ayudando a entregar cajas de alimentos subsidiados por el gobierno en Venezuela y colocaba sus propios mensajes de propaganda en las cajas. Además, Tarazona ha acusado al ELN de distribuir volantes, libretas y libros de colorear en escuelas primarias en al menos ocho estados venezolanos como parte de un “programa de adoctrinamiento”.

Los reportes salen a la luz en momentos que la economía venezolana está en caída libre. La hiperinflación, las sanciones internacionales, el desplome del precio del petróleo y la corrupción generalizada han creado un terreno fértil para la delincuencia organizada.

En enero, los senadores Marco Rubio, republicano de Florida, y Bob Menéndez, demócrata de Nueva Jersey, advirtieron a la Casa Blanca sobre los riesgos que corren las Américas.

El presidente venezolano Nicolás Maduro, “en un esfuerzo por aferrarse al poder y promover una ideología política fracasada, ha desmantelado instituciones democráticas, reprimido a opositores políticos y hecho pasar hambre al pueblo venezolano a través de una mala administración económica”, escribieron. “Este entorno de ilegalidad amenaza la estabilidad y la seguridad de la región, incluido Estados Unidos, al ofrecer un terreno fértil para los carteles de las drogas y organizaciones designadas terroristas por parte de Estados Unidos, como las FARC y el ELN”.

Aunque queda claro que el ELN ya opera en Venezuela, algunos dudan de que el grupo haya penetrado mucho en el país.

Jeremy McDermott, director ejecutivo de Insight Crime, una organización no gubernamental que estudia la delincuencia en las Américas, dijo que el ELN se ha mantenido tradicionalmente cerca de la frontera entre ambos países.

“Venezuela es una retaguardia de enorme importancia estratégica para el ELN”, dijo McDermott, quien señaló que se piensa que varios líderes clave del grupo viven en Venezuela. “Es un lugar de extrema importancia para arriesgarse a que los bombardeen”.

Aunque la versión de la joven minera en el sureste de Venezuela no se pudo confirmar independientemente, Américo de Grazia, legislador opositor del estado Bolívar, dijo que el ELN controla al menos siete áreas mineras en su distrito.

De Grazia dijo que el gobierno de Maduro, desesperado por la inversión extranjera, esencialmente invitó al ELN a controlar los grupos pandilleros rivales, llamados pranes, que tradicionalmente han controlado las minas de oro, diamantes y coltán —un mineral metálico que se usa en los teléfonos móviles— en el sur de Venezuela.

“Las grandes multinacionales han exigido más seguridad en la zona para invertir”, dijo De Grazia. “Y el estado está tratando de garantizar esa seguridad usando el ELN, que ellos creen es más fiable que los pranes”.

“El ELN ha lanzado una ofensiva total para liquidar a los pranes, y eso permite a las fuerzas armadas no mancharse las manos”, agregó.

Cuando las guerrillas incursionaron inicialmente en la zona el año pasado, en ocasiones se identificaron con el Frente Bolivariano de Liberación, dijo De Grazia. Pero a medida que han consolidado su poder, han abandonado el subterfugio. Y aunque no llevan el brazalete del ELN, está claro quienes son, agregó.

Nadie respondió a llamadas a los ministerios del Interior y Comunicaciones de Venezuela.

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Soldados colombianos junto a los cadáveres de tres guerrilleros del Ejército de Liberación Nacional (ELN), en una base militar en Bello, al norte de Medellín, en septiembre del 2003. Los rebeldes fueron abatidos en enfrentamientos con fuerzas del gobierno.
Luis Benavides AP

La joven minera dijo que el ELN no se parecía a ninguno de los otros grupos con los que había trabajado. A cambio de 10 por ciento del oro que los mineros extraen, el grupo guerrillero implementó cierto orden en la caótica localidad. La delincuencia bajó y castigaban a la gente por violencia doméstica o por robar a los vecinos. El ELN incluso ayudó a garantizar que los alimentos subsidiados por el gobierno se distribuyeran en el lugar, dijo la joven.

Aunque el grueso del grupo guerrillero está formado por colombianos, también hay venezolanos, ecuatorianos, bolivianos y guyaneses, agregó. Y el ELN recluta constantemente.

La mujer, una ex paracaidista que desertó de las fuerzas armadas venezolanas en 2008, dijo que sus padres tenían temor de que la obligaran a trabajar para el ELN, de manera que ella y su hermana huyeron a Colombia hace tres meses.

Los temores a una expansión internacional del ELN ocurren en momentos que Colombia trata de llegar a un acuerdo de paz con el grupo en Cuba, similar al pacto firmado en 2016 y que llevó a la mayoría de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) a deponer las armas.

Pero el ELN, fundado en 1964 y que se piensa que tiene unos 1,500 guerrilleros, ha sido mucho más cauteloso y reticente a un acuerdo. Parte de la razón es la estructura de mando descentralizada del grupo, pero su crecimiento en Venezuela también es relevante.

“Venezuela es el último refugio seguro del ELN y la base principal desde la que este ejército guerrillero planea su expansión”, escribió Insight Crime en un informe reciente llamado ‘Venezuela: A Mafia State?’ [Venezuela: ¿Un estado mafioso?] “El refugio del ELN en Venezuela explica en buena medida su falta de interés en comprometerse con las negociaciones”.

Esas conversaciones de paz penden de un hilo en momentos que Colombia se prepara para la segunda vuelta de las elecciones presidenciales el 17 de junio, entre dos candidatos diametralmente opuestos. Iván Duque, del centroderechista partido Centro Democrático, ha sido un fuerte crítico del proceso de paz con las FARC y es poco probable que busque un acuerdo similar con el ELN. Su rival, Gustavo Petro, ex guerrillero, ha dicho que las negociaciones son clave para poner fin a medio siglo de conflicto en Colombia.

La joven minera dijo que el ELN tiene todas las razones para sentirse seguro en Venezuela, porque los militares se hacen la vista gorda con toda la ilegalidad en la zona de extracción de oro. Cuando la región estaba bajo el control del violento líder pandillero conocido como “El Topo”, dijo la mujer, los soldados se ponían en saludo militar cuando él pasaba. Y el ELN también es tratado con deferencia.

Ahora la mujer trabaja en una juguetería en la capital colombiana. Está agradecida por el empleo, pero echa de menos los días en la oscura y calurosa mina, donde el atractivo de quizás volverse rica hacía que el trabajo duro valiera la pena.

“La minería de oro es una aventura, pero también un gran riesgo”, dijo. Algunas semanas no ganaba nada, pero una semana sacó 25 gramos de oro, lo suficiente para comprar una casa.

“Es otro mundo”, dijo de la localidad minera. Tan pronto como las cosas mejoren allá, regreso”.

EL NUEVO HERALD