EEUU, Francia y Reino Unido lanzan ataque contra Siria

El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, se dirigió la noche de este viernes a la nación para informar de una operación militar en Siria. Desde la Casa Blanca, el mandatario marcó la estrategia tras una semana de tensióncreciente por el supuesto ataque con armas químicas contra la población rebelde de Duma la semana pasada. Trump anunció que el régimen de Bachar el Asad pagará un “alto precio” y forjó una coalición con Reino Unido y Francia.

EL PAIS/ ESPAÑA

Estados Unidos demostró esta noche su poder al mundo. En una operación militar, atacó en coordinación con Francia y el Reino Unido al “bárbaro” régimen de Bachar El Asad por el supuesto empleo de gas cloro contra la población civil de Duma (Siria). “Esta malvada y despreciable agresión no fue obra de un hombre, fueron los crímenes de un monstruo”, declaró el presidente Donald Trump en un discurso en el que prometió mantener el pulso hasta que Siria abandone el uso de agentes prohibidos. La represalia, presentada como un “golpe de precisión” contra objetivos militares y centros de producción y almacenamiento de armas químicas, retumbó más allá de tierras sirias. Tanto a Rusia como a Irán, Trump les hizo saber que Estados Unidos, bajo su mando, no titubea: dispara. “Deben decidir de qué lado están”, dijo.

Tras seis días de redoble de tambor, poco antes de las nueve de la noche del viernes, Trump ordenó el ataque. Entre los blancos elegidos figuró un centro de investigación cerca de Damasco, así como un almacén y un puesto militar, en Homs. “Nuestro objetivo es lograr una disuasión fuerte. Estamos preparados para mantener la respuesta hasta que el régimen de El Asad dejé de usar estos agentes prohibidos”, remachó el presidente.

Consciente de que el tablero sirio encierra a más de un jugador, el mandatario se dirigió enfáticamente a los aliados de Damasco. “A Irán y a Rusia, les pregunto: ¿qué clase de nación quiere ser asociada al asesinato masivo de hombres, mujeres y niños inocentes? Ninguna nación puede tener éxito a largo plazo promoviendo estados fallidos, tiranos brutales y dictadores asesinos. Rusia debe decidir si prosigue por la senda oscura o si va a sumarse a las naciones civilizadas como una fuerza de estabilidad y paz. Ojalá algún día podamos ir con Rusia, e incluso con Irán”, afirmó.

El ataque a Siria forma parte de una historia interminable. Trump, un aislacionista nato, siempre ha deseado salir del país y anoche, en plena sacudida militar, no lo ocultó:  “No nos hacemos ilusiones, no podemos purgar el mundo del mal ni actuar en todos los sitios donde hay tiranía. No hay sangre americana suficiente para lograr la paz en Oriente Próximo. Podremos ser socios y amigos, pero el destino de la región está en manos de su propia gente”.

Es un pensamiento que le acompaña desde mucho antes de alcanzar la presidencia y que sigue vivo en él. Hace solo 11 días, el 3 de abril, el presidente clamó públicamente por abandonar del conflicto y repatriar a los 2.000 soldados destinados en Siria. “No sacamos nada de ello. No tenemos nada, excepto muerte y destrucción. Es horrible”, afirmó entonces. Cuatro días después, todo cambió. La población civil de la rebelde Duma, según la versión estadounidense, fue gaseada. Hubo al menos 60 muertos y cientos de heridos.

La agresión química traspasó la línea roja establecida hace un año, cuando las tropas sirias atacaron Jan Sheijun. En aquella ocasión murieron 86 personas, entre ellas decenas de niños. Las imágenes de sus cuerpos fulminados por el tacto cruel del gas sarín, un legado de la era nazi, impactaron al mundo y activaron el olfato político de Trump. La represalia se puso inmediatamente en marcha. Pese a que Moscú y Damasco, al igual que ahora, negaron su participación en la matanza, Estados Unidos lanzó 59 misiles Tomahawk contra la base aérea de Shayrat (Homs).

La devastación buscaba un rédito político. Si Barack Obama, bajo la promesa rusa de retirada del arsenal químico, había descartado intervenir en 2013 ante un ataque que segó la vida a 1.400 civiles, con Trump las cosas iban a ser distintas. La nueva Administración estaba dispuesta a morder por mucho menos.

Aquella intervención resultó un éxito. No falleció ningún soldado estadounidense ni ruso y se eliminó de una tacada el 20% de la fuerza aérea siria. Trump había logrado su primera victoria internacional. Durante meses, Bachar El Asad acusó el golpe y prescindió del arsenal químico. Poco a poco, sin embargo, a medida que la tensión estadunidense aflojaba, volvió a usar gas cloro en ataques selectivos contra los rebeldes. La Casa Blanca lo advirtió y su entonces consejero de Seguridad Nacional, Herbert R. McMaster, declaró que el efecto disuasorio del bombardeo de Shayrat se había diluido.