ABC: Los venezolanos se curan en hospitales de Colombia

La salud pública en Venezuela, colapsada y desatendida, causa la muerte de un número incalculable de ciudadanos. Los hospitales están llenos de personas desesperadas que buscan ayuda sin encontrar soluciones inmediatas a sus problemas. La mayoría de los servicios médicos están en situación crítica. Se han convertido en espacios llenos de equipos que alguna vez funcionaron, pero que hoy son metales viejos, chatarras, material de desecho. Además de la casi inexistencia de medicamentos en las farmacias.

El Observatorio Venezolano de la Salud alerta de que la mortalidad de los pacientes hospitalizados se ha multiplicado por diez y la de los recién nacidos por cien en los centros médicos durante 2016.

La crisis venezolana ya es humanitaria. Colas de ciudadanos atraviesan a diario la frontera para recibir atención médica. La fisionomía del venezolano ha cambiado rotundamente. Cuerpos flacos y desgarbados ratifican que existen graves problemas de nutrición y atención médica.

La excanciller venezolana y ahora portavoz de la llamada Asamblea Nacional Constituyente, Delcy Rodríguez, responsabiliza a la oposición de generar una mala imagen del país y no titubea al afirmar que en Venezuela no existen problemas. «Aquí no hay una crisis humanitaria. Lo que tenemos es amor».

La Agencia de Naciones Unidas para los Refugiados (Acnur) señala que se ha disparado el número de solicitudes de asilo por la situación en Venezuela. En 2016 se registraron cerca de 27.000 peticiones de asilo de venezolanos en todo el mundo. En lo que va de 2017, ya son cerca de 50.000 las solicitudes.

En Colombia se calcula que viven unos 300.000 venezolanos, aunque muchos de los que cruzan la frontera en dirección a Cúcuta u otros puntos fronterizos prefieren no comunicarlo a las autoridades. Un número crecientecruza la frontera en busca de medicinas y material médico para llevarlos al hospital donde está ingresado algún familiar. «Vengo a comprarle los medicamentos desde hace tres años a mi mamá para el corazón y la diabetes. Casi se nos muere hace unos días de un coma diabético», afirma Yorley Prato.

El Hospital Universitario Erasmo Meoz, que atiende a gran parte de la población de Cúcuta, se ha visto desbordado por los pacientes que llegan desde Venezuela. El centro sanitario se encuentra a pocos kilómetros del puente fronterizo Simón Bolívar y ha ofrecido tratamiento a unos 2.500 venezolanos en los primeros siete meses de 2017; una cifra que más que triplicaba la de 2015, cuando el Gobierno bolivariano cerró la frontera. En ese momento se atendieron a unos 556 pacientes en tan solo cuatro meses.

«Los servicios de urgencia colombianos siempre han estado saturados. Nos preocupa que la crisis venezolana se desborde a niveles que no podamos dar la atención que se necesita», indica Juan Agustín Ramírez Montoya, gerente del Hospital Universitario Erasmo Meoz de Cúcuta. La mayor parte de los casos que han tenido que atender llegan cada día en peores condiciones por la violencia desbordada que vive el país vecino, como «heridas por armas de fuego o por arma blanca», apunta el médico colombiano.

Hernán Segura Sánchez fue atropellado en el estado Zulia cuando venia de recoger a sus hijas del colegio. Su pierna quedó casi desecha por el impacto. Ninguno de los centros de salud donde fue llevado lo pudieron atender, así que su familia prefirió contratar una ambulancia y trasladarlo hasta la frontera de Ureña, donde inmediatamente fue atendido. «Estoy agradecido por lo que están haciendo por mí. Me han atendido como un colombiano más sin ningún tipo de discriminación».

Unos pisos más abajo se encuentra Yender Lorenzo Cáceres, un joven que quedó parapléjico tras sufrir un accidente de motocicleta. Desde hace cinco meses lucha por su vida acompañado de su madre, Leonor. Su familia quiso trasladarlo a Venezuela, pero el colapso total del sistema hospitalario y la imposibilidad de encontrar medicamentos obligó a su familia a mantenerlo en Cúcuta.

Más de dos millones de dólares

Hernan y Yender son dos de los muchos venezolanos atendidos en el sistema de salud colombiano, como el hospital Erasmo Meoz, que hasta el momento se ha gastado alrededor de dos millones de dólares en los vecinos bolivarianos. «Tenemos una deuda histórica con el pueblo venezolano, pero también un deber médico y seguiremos haciendo lo imposible para atenderlos, a pesar de las dificultades económicas que esto pueda generar», puntualiza Ramírez Montoya.

 

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